La cultura es la forma de ser y pensar de un pueblo. Al registrar estas formas se convierten en memoria cuando periodistas (fotoperiodistas) cumplimos nuestro oficio.

En 1988 intenté manipular esta información respondiendo a una pregunta que me hice a mí mismo: y si en lugar de fotografiar bailarines en el escenario los fotografío fuera de él, en casas? En ese momento nació el proyecto personal de “Casona y Bailarina” que por fortuna habría de viajar fuera del país y dentro de él.

Necesitaba de oportunidades y cómplices para ejecutarlo, en el camino encontré varios.

 

La cultura es la forma de ser y pensar de un pueblo. Al registrar estas formas se convierten en memoria cuando periodistas (fotoperiodistas) cumplimos nuestro oficio.

 

En 1988 intenté manipular esta información respondiendo a una pregunta que me hice a mí mismo: y si en lugar de fotografiar bailarines en el escenario los fotografío fuera de él, en casas? En ese momento nació el proyecto personal de “Casona y Bailarina” que por fortuna habría de viajar fuera del país y dentro de él.

 

Necesitaba de oportunidades y cómplices para ejecutarlo, en el camino encontré varios.

 

Para 1990 ya había realizado seis sesiones en casas antiguas de Quito, pero en abril de este año algo había cambiado. Una joven bailarina de la costa vendría a estudiar a Quito en la Casa de la Danza con la maestra Susana Reyes. Presenté el proyecto a la maestra Susana y a Nathalie Elghoul entonces estudiante de danza (ahora maestra). Las dos aceptaron y realizamos la sesión en dos días.

 

La Casa de la Danza ocupaba una casona colonial en la calle García Moreno y calle José Joaquín Olmedo. Restaurada, lucía preciosa. Por primera vez quise documentar la entrada de la bailarina al lugar, cambiarse la ropa de clase y posar en varias estancias.

 

El resultado lo comparto en este espacio.

 

por Gonzalo Guaña
Fotógrafo

Fotografías: Gonzalo Guaña